
En realidad no es el original, el primer Jan Cactusen; aquel murió no hace mucho tiempo, fue arrojado por la ventana y no resistió la caída; ¿que tenía que hacer aquel hombre cerca de la ventana? nunca lo sabré, ¿de verdad no tenía idea de que Jan tomaba el sol a la orilla de la ventana?...
Curiosamente alguien ya me había dicho que este Jan vendría y llegó justo al siguiente día; solo había cambiado la forma, y un poco... al final de cuentas este era también un Cactusen, no necesitaba grandes cuidados, resistía la sequía, su belleza estaba en su sencillez y al igual que su predecesor, no estaba acostumbrado al amor.
Esa fue la causa de su muerte, a Jan Cactusen le llegó un día el amor en la forma de una esbelta, joven y muy graciosa yerbita.
Uno no suele echar agua seguido a un Cactusen; un día, luego del casi un mes sin gota -aunque igual sin sed- junto con la humedad de la tierra salió esta pequeña plantita que creció junto a Jan, se veían bien, parecían idénticos, con la salvedad de que el solo tenía espinas y ella solo cuatro pequeñas hojitas... como decía, uno no echa agua muy seguido a un Cactusen; pero la plantita, larga, flacucha como se veía, tenía sed, su tallo se debilitó, poco a poco fue quedando recargada en Jan, parecía que lo besaba todo el tiempo y ella aunque doblada, recargada en el, dejo de secarse, crecía recargada en el.
Salí de viaje por unos días y al volver vi al joven Jan Cactusen tendido sobre la tierra con su pequeña plantita, seca, recostada sobre de el. Jan tenía una marca que no había visto antes, justo en medio de su estatura, otra plantita parecía haber succionado parte de Cactusen... no se que lo mato.
Sentí tristeza al ver a la pareja tendida, muerta, pensé que parte de la culpa era de la malayerba que le absorbía por en medio de sus espinas.
No los moví de su maceta, ella poco a poco se hizo polvo; Jan Cactusen, creo, no murió... tendido, ahora parece volver a crecer, solo, sin mucha agua, sin grandes cuidados, sencillo, sin necesidad de ser tocado, acariciado.